Cantinas del centro histórico de la ciudad de México

Templos de convivencia, brindis y dominó.

Cantina La Ópera. Centro Histórico de la Ciudad de México.
Cantina La Ópera. Centro Histórico de la Ciudad de México.

Las cantinas son lugares excelsos de estancia obligada para parroquianos y comensales ocasionales, pero las cantinas del centro histórico de la ciudad de México también son un atractivo elocuente para turistas nacionales y extranjeros, porque en ellas tienen la oportunidad de observar las más frescas y genuinas manifestaciones de la condición humana, además de oír de negocios, deportes, romances por iniciar o por continuar y saber de las preocupaciones y ambiciones de los asistentes.

Conozcamos algunas de las cantinas más antiguas del Centro Histórico de la Ciudad de México, donde amén de degustar unos buenos tragos y botanas y de la cálida compañía de amigos y amigas, podremos saber más sobre su historia y valor cultural.

Restaurant Bar la Ópera (1870)

Este hermoso recinto está ubicado en la avenida 5 de Mayo y Filomeno Mata. Es sin duda uno de los sitios turísticos de consumo de licores más representativos del Centro Histórico; sus orígenes datan del porfiriato.

Además de su variedad de cervezas, vinos y licores, se caracteriza por servir a sus clientes los tradicionales platos de la cocina mexicana, arroz con mariscos, paella o filete de pescado.

Cantina La Ópera. Centro Histórico de la Ciudad de México.
Cantina La Ópera. Centro Histórico de la Ciudad de México.

Un comentario obligado es el testimonio del pretendido balazo de Pancho Villa en su techumbre porfiriana.

Cantina la Peninsular (1872)

Ubicada en Corregidora y Roldán. Se dice que fue inaugurada en 1872 y ha sido escenario de interminables noches bohemias; la conseja popular nos dice que fue por un buen rato el búnker de Lucha Villa en sus mejores épocas.

Aún se cuenta con publicidad pícara, que es un vestigio de la moral existente antes de la permisibilidad de la entrada de las mujeres a las cantinas -en 1982- como la que aún circula y que es un “permiso legal” para casados que viene impreso en una tarjeta y dice así: «Hago constar por la presente, que autorizo a mi pareja para que se divierta cuando quiera y pueda, beba hasta emborracharse, juegue y se distraiga con cuantas señoras y señoritas se le presenten. Firman la señora y la suegra».

Actualmente, ya sin vendedores ambulantes, se reconoce la fachada de la cantina y se puede jugar dominó (hueso) o dados (cubilete o cuero). Hay servicio de enchiladas sencillas pero bien elaboradas. Es de destacar su enorme barra de bebidas (más de 6 metros de largo) donde “se archivan” las botellas.

Casino Español. Centro Histórico de la Ciudad de México.
Casino Español. Centro Histórico de la Ciudad de México.

Restaurant Bar el Gallo de Oro (1874)

Este local inició sus actividades espirituales en 1874. Desde un principio se vio engalanado por la asistencia de intelectuales reconocidos como Manuel Acuña, Guillermo Prieto, Justo Sierra, Manuel M. Flores y Juan de Dios Peza.

En su carta encontramos las típicas botanas: «pepitos» de lomo de res con jitomate, cebolla, rajas y el plato de la casa: el «gallo de oro» (pollito de leche adobado y cocinado a las brasas). También se puede degustar el “mancha mantel”, preparado con cerdo, achiote, chile guajillo y plátano macho; el chicharrón en chile verde, y del elenco de la cocina española la paella, la fabada y el caldo gallego.

Esta cantina inició el apogeo de las importaciones marítimas del aceite de oliva, las alcaparras, las aceitunas sevillanas y los quesos europeos, que fueron una novedad como botana en su momento. El colegio de Niñas y la presencia de Humboldt por sus cercanías, son sin duda temas de conversación.

Cantina la potosina (1890)

Esta cantina del Centro Histórico de la Ciudad de México, la Potosina es de gran tradición por el rumbo de la calle de Jesús María, esquina con Emiliano Zapata. Además de sus cervezas, rones, vinos y tequilas, se puede solicitar la preparación de la bebida de la casa: “la paloma” y como botana pueden servirte frijolitos con tortilla, sopa de pasta y sopes.

Cantinas del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Cantinas del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Esta cantina es un vestigio arqueológico lúdico que nos permite imaginar el tamaño original de las cantinas decimonónicas.

Aún es frecuente constatar que el sitio es un lugar de bullicio pero divertido, en donde el dominó y el cubilete relajan las tensiones citadinas entre los amables parroquianos que la frecuentan. Los comentarios que deben de venir a colación sin duda serán la presencia de Villa y Zapata en Palacio Nacional, de Fidel Castro y de Guadalupe Posada.

Otras cantinas del centro histórico (ya del siglo XX), muy recomendables por el servicio, la tradición y el ambiente bohemio, aunque sin el oropel de las antes mencionadas son:

Restaurant Bar del Casino Español (1903)

Se localiza en Isabel la Católica 29. Originalmente el espacio que ocupa perteneció (desde 1600) al Hospital del Espíritu Santo y Nuestra Señora de los Remedios, para el cuidado de los enfermos españoles residentes en la capital hasta el ejercicio de las Leyes de Reforma, que modificaron su uso original, hasta que a fines del siglo XIX se creó el «Casino Español de México A.C.» con su respectivo Bar, donde estuvo el espacio idóneo para la charla animosa bajo la compañía de agradables bebidas espirituales servidas todavía no hace mucho tiempo en vasos “jaiboleros”, en un entorno en mezclas decorativas que van del dórico al jónico, al barroco, al árabe, al neoclásico y al art nouveau.

Cantina El Nivel. Centro Histórico de la Ciudad de México.
Cantina El Nivel. Centro Histórico de la Ciudad de México.

Restaurant Bar Alfonso (1922)

Originalmente estuvo en la Plaza Guardiola, pero actualmente recibe a sus comensales y parroquianos en la calle de Motolinia 18 esquina con avenida 5 de mayo. Uno de sus asiduos fue el recién fallecido Don Andrés Henestrosa, quien la recordaba como una clásica cantina que no permitía la entrada a mujeres, aunque se contaba que algunos las contrabandeaban para que probaran los excelentes platillos.

Además de la amena charla tequilera se puede jugar dominó y cubilete, ambientado con una buena botana, el albur y la sobremesa.

Restaurant Bar Mancera

Está en la calle de Venustiano Carranza, entre Bolívar e Isabel la Católica. Se cuenta que su fundador fue el topógrafo y constructor de la vía ferroviaria del noroeste, don Gabriel Mancera. Esta singular cantina parece escenario de habitaciones de los abuelos de la primera década del siglo XX. Su variedad de vinos y licores es buena; como botana hay pollo en chile verde, carne de cerdo con verdolagas y caldo tlalpeño.

Cantina La Mascota. Centro Histórico de la Ciudad de México.
Cantina La Mascota. Centro Histórico de la Ciudad de México.

Bar Gante

Ubicado en Gante 8 siempre ha contado con fama de ser un lugar elegante, que da religiosamente la bienvenida a las gargantas sedientas y los adoradores de recuerdos del Centro Histórico. No hay botana, pero en su carta está el pulpo a la gallega.

Es un lugar idóneo para degustar y diseñar una política de convivencia en pareja, para obtener el placer del amor de sotavento.

Cantina la Puerta del Sol

De fecha de fábrica incierta, se localiza en la esquina de las calles 5 de Mayo y Palma. Su botana es la tradicional de cantina, bien picosita, con la modalidad de verse la cocina en el interior y no en la trastienda; fue lugar de refugio, entre otros personajes, del periodista y literato Renato Leduc.

Restaurant Bar Salón Victoria

Localizada en la esquina de la calle de Victoria y López, es una de las cantinas del Centro Histórico de la Ciudad de México de más tradición, y en una época monopolizó el gremio de los trabajadores de las aledañas compañías de seguros.

Su mobiliario es muy interesante, ya que conserva sus puertas de vidrio biselado que le dan un toque de distinción. No hay servicio de botana tradicional pero cuenta en su carta con las especialidades de cabrito al horno, filete de res y paella a la valenciana.

Cantina El Nivel.
Cantina el Nivel

Cantina El Tío Pepe (1902)

Situada estratégicamente en el Barrio Chino de Dolores, en la esquina de Independencia y Dolores, es un lugar legendario y de referencia obligada por el trabajo de ebanistería en su barra y contra-barra, sólo superada por la de La Ópera.

Además de ser un idílico búnker, esta cantina es locación obligada de películas vaqueras mexicanas y comerciales futboleros.

Fue visitada en el pasado tanto por miembros de la Banda del Automóvil Gris, como del poeta beat William Burroughs y de personajes tan afines como los Chamucos.

Alguien dijo y lo dijo con conocimiento de causa, que El Tío Pepe se ubica en la categoría de las cantinas venerables, ya casi no es cantina, es algo anterior al concepto mismo: un antro en el que los años se detuvieron y todo se desquebraja poco a poco, excepto el entusiasmo de sus meseros, cantineros, clientela fiel y, desde luego, cancioneros y tríos que los acompañan.

Cantina La Mascota

Situada en Mesones y Bolívar, es pequeña pero con muy buena botana y ambiente; es obligado platicar de la Iglesia de Regina Coello y del Ex Convento de san Jerónimo.

Cantina La Puerta del Sol.
Cantina La Puerta del Sol. Centro Histórico de la Ciudad de México.

Cantina La Vaquita

Está localizada en Mesones esquina con Isabel la Católica. Su nueva decoración con lambrín de azulejos y zapatas fue supervisada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Como parte de su anecdotario cuentan que en ella trabajó Cantinflas de mesero. Cuenta con los irrenunciables servicios de botana y cubilete, dominó y televisión para pasar un rato agradable.

Cantina el Salón España

Está en la calle Luis González Obregón 25 y es de fama ganada por lo económico de sus precios, sus botanas y su especialidad: tortas de sardinas y atún.

El decorado la hace un museo fotográfico de la Revolución Mexicana, pretexto idóneo para referirnos a esa historia compartida.

Así, el Centro muestra otra faceta de su historia en estos recintos llenos de anécdotas, donde se come como en ninguna otra parte, se bebe bien y de buenas, se aprende parte de la vida de todo hombre ¡y claro!, ya en nuestros tiempos, de las mujeres, especie relativamente nueva en ese ambiente, al que –ni hablar- han embellecido con su presencia.

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